Manos unidas

El 28 de noviembre, miembros del equipo de la Fundación Escuela de los Oficios asistieron a una charla sobre liderazgo impartida por Bernard Scholtz en el Colegio J.H. Newman. El conferenciante optó por enfocar la sesión en los desafíos que enfrenta un «jefe» y cómo puede responder a ellos para convertirse en un verdadero líder.

En primer lugar, Scholtz hizo hincapié en la relación con los trabajadores. Según él, es fundamental estudiar primero el modo de trabajar de los empleados: sus valores, competencias y objetivos. Es importante tener estos aspectos claros, ya que, en caso de querer implementar algún cambio, es necesario conocer bien el área en cuestión. El diálogo con los trabajadores debe estar basado en el conocimiento que el líder ha observado previamente.

Posteriormente, Scholtz explicó cómo un líder debe fomentar la autoconciencia y la responsabilidad en los trabajadores. Esto se logra mediante preguntas que muchas veces “el otro” no se ha planteado, como: ¿Cómo te encuentras? o ¿Qué es lo que te interesa de tu trabajo? Una vez abordadas estas cuestiones, es importante transmitir la idea de que todo siempre es mejorable y que asumir responsabilidades conlleva sacrificios. Este proceso debe llevarse a cabo desde una perspectiva positiva: no se trata de atacar o criticar, sino de ayudar a comprender que, al cambiar uno mismo, también se puede transformar el entorno. Es fundamental que el trabajador sienta que su labor y él mismo son valorados, ya que asumir responsabilidades requiere situarse en una posición vulnerable.

El conferenciante continuó con la reflexión de que todos somos el resultado de experiencias y, por tanto, cada individuo es único. La individualidad de los trabajadores es esencial porque es en esa diversidad donde se puede exigir responsabilidad. Si los empleados solo ejecutan directrices, nunca serán verdaderamente responsables de nada. Conociendo los objetivos y en función de su experiencia, serán ellos quienes decidan asumir o no la responsabilidad de alcanzarlos.

Para concluir, Scholtz abordó la verdadera dificultad de trabajar en equipo, ya que cada persona tiene un temperamento y unas aptitudes únicas. Los líderes no pueden definir la relación entre los compañeros; a lo sumo, pueden facilitar un cauce para dicha relación. Esto es de vital importancia, ya que, sin un cauce claro, solo queda el caos.

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