Los alumnos del Curso de Sala asistieron a una emocionante excursión al Museo Thyssen gracias a la Fundación Iberdrola el día 20 de noviembre.
Nuestro guía, Alberto Gamoneda, organizó un recorrido centrado, principalmente, en cuatro obras: Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas de van Kessel, Nueva York 3 (inacabado) de Mondrian, Bodegón con frutas de Louise Moillón y Bodegón, pastel de frutas y diversos objetos de Claesz. Alberto dio alguna noción sobre el contexto de las obras, pero se enfocó en mostrar a los alumnos el aspecto abstracto del arte.
Para ello nuestro guía recalcó que no vemos con los ojos, sino con la mente y la imaginación. Por tanto, existen tantas versiones de estos cuadros como espectadores se han parado a admirarlos. Es en esta diversidad de miradas donde encontramos la prueba de la verdadera diversidad del mundo.
El concepto de la integración, que no adaptación, también jugó un papel importante en la visita. En los cuadros más figurativos, como el de Kessel o Moillón, Alberto señaló todos aquellos elementos que reconocemos como objetos de nuestra cotidianidad pero que, en realidad, venían de distintas partes del mundo y que se terminaban por amalgamar y formar parte de una cultura conjunta.
También, debido a la especificidad de nuestro curso, Sala y Restauración, Alberto se esforzó en señalar los elementos culinarios de los cuadros y recordó a los alumnos que los grandes chef no se diferenciaban de los artistas. Ambos eran capaces de plasmar su mundo interior ante los ojos de los espectadores poniendo a prueba los límites de la creatividad.
La excursión al museo exigió de los alumnos una actitud activa, el viaje por los distintos cuadros se realizó mediante un diálogo donde cada uno expuso su punto de vista propio ante las obras que contemplaron. No había errores, ni perspectivas mejores que otras, todas eran igual de válidas porque todas reflejaban el cuadro de una u otra manera.
Para finalizar la excursión Alberto llevó a los alumnos al taller del museo donde se dispusieron a poner en práctica todo lo aprendido. ¿Cómo? Pues realizando un menú propio inspirado en los poemas dadaístas, escribiéndolos con trozos de periódicos y libretas. Unificando los conceptos de perspectiva y mundo interior con la gastronomía. ¡De este ejercicio salimos impresionados con la sensibilidad artística de los alumnos!
Esta excursión ha sido emocionante para todos, tanto alumnos como equipo; y ha servido para demostrar la importancia del arte como agente unificador y humanizante. Damos las gracias a la Fundación Iberdrola por dar a nuestros alumnos la oportunidad de disfrutar de esta experiencia y a Alberto Gamoneda por sus importantes lecciones sobre cómo observar la vida y el arte. Estamos deseando repetir con los próximos cursos.







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